Sé tu mejor excusa.

Parece que hoy en día todo se reduce a modas.

Y no me refiero al estilo de ropa o conceptos modernos como las selfies que colapsan nuestro muro de facebook. Me refiero a las nuevas terminologías que están adquiriendo viejos procesos de coaching y personal branding.

Tanto a nivel laboral como personal y ya puestos, mental y físico (que esto del fitness es algo que también está muy de moda en los tiempos que corren) hay un lema de vida que abarca todos los ámbitos que nos conciernen actualmente. Desde el que busca “salir de la zona de comfort” hasta el que pretende encontrar “La mejor versión de uno mismo”.

Independientemente de que seas alguien que sigue las modas o no, si estás leyendo esto es porque en más de una ocasión, sea cual sea, has tenido que lidiar contra esas “excusas” que a veces, sin razón aparente, tienen más peso que la mejor de las razones.

Marcarnos objetivos, ya sea a corto o largo plazo, es el motor que en cierto modo pone a funcionar la rueda. Sabemos lo que queremos y vamos a por ello. Pero por el camino nos encontramos con ciertas excusas que inexplicablemente tienen una fuerza mayor que cualquiera de las mejores frases motivadoras que pudiera citaros ahora.

Y sabéis que es cierto, porque las frases, por muy motivadoras que sean no funcionan con todos. Y las excusas, por muy odiosas que sean, todos hemos tenido que lidiar con ellas.

Que si no soy demasiado bueno en esto, que si este trabajo no es para mí, que si hoy he tenido un mal día, y un sin fín de “Que síes” que podrían convertirse en el argumento principal de este post. Sin embargo, no es eso de lo que estamos hablando. Si no de lo que realmente queremos y los frenos que nos impiden alcanzarlo.

Como os comentaba al principio, aparentemente “ser la mejor versión de uno mismo” también se ha convertido en una de las modas del S.XXI, y que queréis que diga; si ésta es una moda, aprovéchala cómo tu mejor excusa.

Aunque parezca utópico funcionamos mejor ante las excusas que ante las razones que queramos imponernos, por mucho peso que tengan. Y aunque todo en realidad depende de la fuerza de voluntad de cada uno, no hay nada como engañar a la mente. Si todo es un juego mental, invierte el proceso.

Convéncete de que la razón o el argumento que tengas que darte a ti mismo para justificar el cambio que buscas depende de ti.

Vale que normalmente las excusas buscan justificar fallos o errores que cometemos, o demostrar que alguien no es culpable o responsable de algo. Pero como os decía, vamos a darle la vuelta a la moneda y a invertir el proceso. SÍ somos responsables de lo que hacemos. Ya sean éxitos o fracasos todos forman parte de una mejor versión en la que TÚ estás trabajando. ¿O acaso el escultor no necesita pulir la que será sin duda su mejor obra de arte? 

Se acabaron las excusas que te hacen tirar la toalla o posponer lo que de verdad quieras. El “es lo que hay” no tiene más cabida en tu diccionario que para todo aquello que te sea ajeno. Pero si lo que ocurre o podría ocurrir depende de ti (que suele ser más del 90% de las cosas de tu vida), ya no hay excusa que valga. Y si la hay, aprovechala para seguir siempre hacia adelante.

No se trata de cómo de bueno seas, si no cómo de bueno quieres llegar a ser. 

Recuérdalo.

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